Cuando uno no sabe qué cocinar yo aconsejo tener siempre a mano bases de pizzas congeladas. Es como hacerte una ensalada pero calentita y aplastada (oisss un pareado, qué bonito). Aquí tenéis mi receta de la pizza enchatoloquetengasahi. Lo bueno de esta receta es que cada vez que la haces cambia, porque no siempre tienes las mismas cosas en el frigorífico o en la despensa.

Paso 1: La rejilla
Disponga sobre la rejilla, donde irá la pizza para calentarla en el horno, papel de plata, untándolo con mantequilla para evitar que se pegue la base.



Paso 2: La base
Normalmente las pizzas más sencillas son las que tienen tomate en la base. Así las hago yo normalmente, pero podéis cambiar y ponerle mostaza, queso filadelfia o lo que os venga en gana (sí, lo que sea, incluso nocilla).



Paso 3: Echa de todo y no te cortes
Aquí viene la parte divertida. Abre el frigorífico, mira por todos las baldas, en el cajón de las verduras...¡donde sea! Y si se puede comer...¡échalo! El fundamento de esta receta es ni escatimar en gastos ni en cantidad. Así que abusa, que un día es un día. Al final, el aspecto puede ser parecido a este:

La pizza estará bien si tiene aproximádamente dos dedos de altura, tal que así:



Paso 4: Haz algo pa empujá la pizza
Como puede ser complicado comerse una pizza de semejante calibre, lo mejor es hacer algo para empujarla pa 'entro. Si es lechuguita mejor, que no queremos engordar.



Y ala...ya está todo listo. ¡A comer se ha dicho!