Así queda mi pobre moto siempre que voy al trabajo. Cagada hasta la bola. Y es que al parecer una diarreitis embrutecida se ha apoderado de todas las aves de la ciudad, produciendo una expulsión en masa de lo que se viene a conocer como mierda.

Donde trabajo no hay mucho sitio para aparcar las motos. El que hay (porque haberlo haylo) está ocupado por coches, para variar. Así que tengo que aparcar donde lo hacen todos: junto a las escaleras de entrada del hall de mi edificio. ¿Y qué hay justo encima? Un árbol. ¿Y que hay en el árbol? Unas palomas con el vientre muy suelto que no tienen otro sitio donde hacer sus necesidades que encima de mi moto, que para colmo, lavé el otro día (cabronas...).

Yo me pregunto cómo es que siguen vivas esas palomas con tanta diarrea. Yo a esas alturas ya estaría deshidratado o habría muerto de inanición hacía tiempo. Malditas ratas con alas...que eso es otra. ¡Tienen alas! So cabrona, po coge y muévete un poco y cágate en la acera, con tó tu puta cara, ¡que yo no voy a cagarme encima tuya!

Así que he ideado un plan malévolo a la par que divertido. Me haré de una escopeta de plomillos, iré allí por la noche y haré la de Puerto Urraco. Por la mañana todo el mundo verá sus cadáveres esparcidos por el suelo y a mí con cara de loco riéndome sin parar. Ahora sí que se van a cagar. ¡Pero de verdad!