Una de teorías. Creo que hay dos tipos de hombre, en cuestión a las relaciones: los que tienen suerte y los que no. Y yo debo de ser un enorme ejemplo del segundo grupo.

Y es que desde que tengo las hormonas por las nubes no he tenido mucha suerte que digamos con las mujeres. Más bien ninguna. Puede que no me creáis, pero he desarrollado la teoría de que por alguna extraña razón sólo doy con locas. Sí, locas. Es lo que yo llamo mi radar. Por defecto, si conozco a una tía y me gusta, desconfío. Porque seguramente la pobre esté tarumba. Y si no está tarumba, por lo general tiene algún tipo de problema o problemas añadidos. O bien, son simplemente unas cabronas.

Puede que no me creáis, pero voy a daros los datos necesarios para que no sea así. Si pensabais que se me habían acabado las anécdotas sobre mi vida, estáis equivocados. Esto da para otro blog, por lo menos...

Para no putear mucho escribiré de las susodichas nombrándolas por la inicial. Obviamente los que me conocen sabrán de quién hablo. Preparados, listos...¡ya!

V: ¡Ahhhh! V. Mi primera novia. El primer gran amor. Y el primer gran desengaño, como suele ocurrir.

¿Recordáis el artículo sobre Murphy? ¿Justo donde os contaba que le dije que me gustaba a una chica y que se lo había contado a otra, que resultó era a la que yo gustaba en realidad? Esa era V. Os voy a contar la segunda parte de la película.

Cuando la primera, llamada R, me dio calabazas me quedé bastante puteado. Como es normal. Y claro, yo fui a contarle mis penas a su amiga, V. Sí, a la que yo le gustaba pero sin saberlo. V era una chica bastante divertida, me lo pasaba muy bien con ella. Pero claro, el amor es ciego y yo medio gilipollas, así que no sabía nada de nada. En fin, le contaba yo mis penas a esta pobre chavala y poco a poco sin darme cuenta, ¡zas! Me fui quedando colgado por ella. ¡Ay Dios! ¿Cómo coño puede pasarme a mí esto? ¿Me quedo colgado de su amiga, me descuelgo en 2 días y ahora me gusta V? Ahora lo veo normal. Tenía 16 años, esas cosas pasan.

¿Cómo se lo digo? Me cagonlaputa... no sabía cómo decírselo. Pero ni idea, en serio. Para colmo cada vez iba la cosa a más e intuía que a ella también yo le gustaba. Necesité como dos semanas para darme cuenta. Me percaté más de todo en el Tour de Francia... vale. Retomo un poco atrás y repito. En el Tour de Francia. Estaba de viaje de estudios, ¿vale? Y hacíamos excursiones a varios sitios. Ese día tocaba el Tour de Francia. Y ella no se despegó de mí en todo el día, escuchándome, riéndonos y todas esas cursiladas que ocurren a los 16 años.

Pero seguía sin saber qué decirle. Y por fin llegó el día. Aquí llega otro momento de película. Sólo le faltó la música. Unos días después del Tour fuimos a la playa. Ella iba con un bikini amarillo, nunca se me olvidará. Estaba preciosa. Se le notaban todos los pez... ejem... Le dije que nos fuéramos a dar un paseo. Ese era mi gran momento. Mi momento. Dando el paseo se lo zampé. Ahí va eso. ¡Y coló! En el camino de ida iba acojonado y en el de vuelta iba agarrándola de la mano. ¡Ay qué bonito! Espera, espera, que hay más momentos de película.

Mi primer beso. Sin duda fue de esos que nunca se olvidan. Como hacía calor nos fuimos dentro del agua. Nos fundimos en un tierno abrazo y ... la besé. ¡Ohhhhh! Sí, ya podéis llorar. Fue la hostia, la verdad.

¡Coño, no pretendía extenderme tanto! Pero es que empiezo a escribir y no paro...

Bueno. ¿Dónde actúa aquí mi radar? De momento todo parece precioso, como de película. Y eso que no os conté como me cantó al oído mientras bailábamos en la fiesta de despedida (cantaba increíblemente bien, y tengo oído para eso).

Pues mi radar actúa cuando un año después me pone los cuernos, me tiene 6 meses engañado sin contármelo, se le insinúa a mi amigo, trama una reconciliación conmigo a mis espaldas, pone a su familia en contra mía, a los amigos que teníamos en común... y una larga lista de paranoias increíbles que no tienen fin. Increíble, ¿eh? Y eso que parecía buena persona...

R: Ésta es otra R diferente a la anterior. Ni siquiera la consideraría una relación. R no era una chavala precisamente... digamos... agraciada. Pero oye, a mí me caía bien. Para que os hagáis una idea de cómo era, cuando la madre de un amigo la vio por primer vez le preguntó a su hijo, mi amigo, que si era tontita (o sea, retrasada). Y no, no lo era...pero es que la carita que tenía... todavía me pregunto qué carajo se me pasó a mi por la cabeza... ¡Ah sí! Cabeza... ya recuerdo...

Bueno, lo de R es de esas experiencias que quieres olvidar de tu mente para no rememorar jamás. He de decir que yo soy un chaval, dentro de lo que cabe, bastante cortado con las tías. Lo justo. En nuestra primera "cita", para conocernos mejor y demás cosas estúpidas que se dicen para comerle la boca a una mujer, fuimos a dar un paseo por la catedral de Sevilla. Luego, fuimos al cine. No recuerdo la película, sólo recuerdo que era bastante buena, y que tenía verdadero interés en verla.

Una vez en el cine, se apagan las luces, comienza la película y antes de que pudiera decir WTF!!! tenía su lengua metida en mi tráquea y mi mano entre sus piernas. Esto puede parecer de lo más cañero para algunos tíos. Eso es porque no saben cómo es R. En fin... a mí, sin ánimo de parecer gay, la situación me pudo. Por diversas razones. Primera: tanta pasión obsesiva compulsiva me puede. Y dos: le sudaba. Sí, queridos niños, le sudaba a mares. Y no es que estuviera excitada. Reconozco el dulce aroma vaginal. Era sudor. Y para colmo tenía vegetaciones, con lo que hacía un raro ruido mientras jadeaba. No voy a contar los pormenores restantes, que podéis imaginar. Pero eso sí, nunca más la volví a llamar. Ella, de corage, fue soltando el bulo por su clase de que yo la tenía muy pequeña. ¡Sí ni siquiera llegó a verla! Lo más que llegó a ver fue mi dedo corazón. Afortunadamente, esas cosas cayeron por su propio peso años después.

S: Ohhh. S es uno de los mejores especímenes encontrados con mi radar. En la primera cita me la tuve que llevar a mi casa, un sábado, a las 6 de la mañana, mientras mis padres dormían, porque su hermano se había puesto de pastillas hasta arriba y no podía conducir en ese estado de euforia enloquecida. Menos mal que mis padres no me pillaron.

S era una chavala con buen corazón. Pero estaba un poco... pobrecita. Era buena persona. Muy buena niña, en serio. Pero teniendo un padre cocainómano (o ex cocainómano), un hermano cocainómano y pastillero, una hermana traumatizada por los kilos y con un carácter que ya quisiera para él el doctor House, una madre sometida y dos perras maltratadas...teniendo todo eso, no podía estar muy bien, como podréis comprender.

S me llamaba a las tantas de la madrugada, despertándome entre gritos y sollozos diciendo que se quería ir de casa, con su padre de fondo rompiéndole la habitación. S venía todos los días a mi casa desde un pueblo sólo para poder estar conmigo (que teniendo lo que tenía en casa, lo comprendo). S me traía churros a las 9 de la mañana de un domingo sin avisar previamente. S me quería tanto que le dolía. S me tenía absorbido. S no me dejaba vivir, porque yo era su vida.

Lo mejor que hice fue escapar de esa casa. Escapar y no mirar atrás. Ella ahora tiene, creo, a un novio que la quiere y que la acepta. Y espero que ella haya superado muchos de los problemas que tenía en casa, porque cuando estaba yo aquello no era una casa, era un caos. Fue una relación muy complicada...

Como podéis comprobar no he tenido mucha suerte con las relaciones. Y eso que no os he contado las restantes, porque ha habido más. De algunas no puedo hablar porque hay gente que puede leer este blog que las conocen y no es plan, tampoco quiero tener un problema. Aunque no he contado nada que no pudiera contar. Las cosas más fuertes me las reservo.

Así que si me he convertido en un cabrón con las mujeres, que las uso sólo para tener sexo (eso sí, las informo previamente de cómo va a ser la cosa), y no consigo tener una relación estable... yo no sé los demás, pero yo al menos tengo excusa. Y no será por falta de ganas de encontrarla...


Escuchando Fade Away de Allison Crowe