Antes de empezar querría decir que yo no sé de política ni de jueces ni de justicia. Soy estudiante, informático y friki (toma ya, eso es una declaración de principios). Pero se de hechos, y lo que he visto hoy en la tele y leído en varios diarios digitales sobre el caso Otegui me ha dejado un poco out. Así que os hablo desde el punto de vista del ciudadano de a pie. Este blog no es un blog político, ni mucho menos, pero ante estas injusticias no se puede uno quedar callado.

Como el caso se las trae, voy a hacer un seguimiento del día de hoy, para que no perdáis detalle.

Pongámonos en antecedentes, porque esto tiene miga. El caso Otegui se inicia cuando el fiscal de la Audiencia nacional acusa a Otegui de enaltecimiento del terrorismo durante el homenaje de la etarra Olaia Castresana, hecho por el cual pedía 15 meses de cárcel. En ese acto Otegui, portavoz de la ilegalizada Batasuna, ensalza la figura de todos los soldados que han caído en la lucha por la independencia (si eso no es enaltecimiento del terrorismo, que vengan las más de 817 personas que ha asesinado ETA y lo vean). Lo que van a leer a continuación no es un cuento de Ciencia Ficción.

El caso empieza antes del día de hoy cuando tanto la Fiscalía, esa que había pedido los 15 meses de cárcel, como la defensa de Otegui habían pedido en las dos últimas semanas la suspensión del juicio, debido a que faltaba por aclararse la situación de otros dos acusados, que finalmente fueron absueltos. Hoy día 22 de marzo se vuelve a presentar una petición de anulación que el tribunal desestima.

10.15. La abogada de Otegui notifica a la Audiencia Nacional que su cliente no podrá asistir a la vista oral porque se ha quedado atrapado por la nieve en la carretera. Además indica que 6 de los testigos que estaban citados tampoco han podido llegar a tiempo.

Los jueces envían a la Guardia Civil a corroborar la situación y se aplaza la sesión para las 16.30.

Lo que ocurrió fue que Otegui, al verse atrapado en mitad de la carretera, decide dar media vuelta para su casita. La decisión más lógica, claro. Anda que...

Ante estos hechos, se ordena la detención inmediata de Otegui, para que se persone en el tribunal, en Madrid. Debido a que ya es imposible que llegue a las 16.30, se vuelve a aplazar la vista a las 19.00 (y van tres), sesión habilitada excepcionalmente.

19.45 y Otegui llega a la Audiencia Nacional. Da comienzo la vista. El Fiscal comienza a hacer preguntas a Otegui y éste las contesta. En esas preguntas Otegui asegura que en el entierro de la etarra se limitó a reivindicar su derecho de autodeterminación (WTF?) y a reclamar la solución al conflicto en el País Vasco en términos democráticos.

La sesión de preguntas tarda exactamente 30 minutos, tras los cuales, la Fiscalía retira la acusación y por tanto, la Audiencia Nacional pone en inmediata libertad a Otegui, al no haber otra parte acusadora. Causa archivada.

Fin de la historia (¿seguro?)

¿Soy el único al que esto le hace arder la sangre? No doy crédito a todo esto. O sea, que después de formar la que forman para llevar a Otegui delante de los jueces, ¿lo dejan libre? ¿Libre a un indeseable que llevó en sus hombros el peso muerto (y bien muerto, y cuanto más muerto, mejor) del féretro de la asesina Olaia Castresana? ¿Aquí quien se ríe de nosotros? ¿Dónde, cuándo, cómo y por qué se perdió la cordura?

Haciendo uso de mi libertad de opinión diré que la justicia (que al parecer está más ciega de lo que creía), los fiscales y los políticos de este país dan asco; diré que me alegro de la muerte de Olaia Castresana, que murió manipulando un artefacto explosivo de 10 kilos de dinamita en una urbanización de Torrevieja (Alicante); diré que me alegro de la forma en que murió, reventada hecha trizas por su propia bomba (el destino tiene a veces un extraño sentido del humor); diré que me alegro porque vete a saber cuántos inocentes iban a morir por su culpa y no murieron.

Me alegro, me alegro y me alegro. 10 kilos de veces me alegro. Y me puedo alegrar sin miedo, ¿saben por qué? Porque si estoy cometiendo un delito, al decir las cosas bien altas y bien claras, con todas sus letras, no tengo por qué preocuparme.

La Justicia es demasiado inepta como para meterme en la cárcel.

Fuente: www.elmundo.es